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Consejos a un joven poeta

Consejos a un joven poeta.

LLEWELYN POWYS


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Reseña

Los Consejos a un joven poeta fueron publicados en 1949, diez años después de la muerte de su autor. Su publicación se debió posiblemente a una sugerencia de Kenneth Hopkins, el joven poeta al que Powys dirige sus cartas. A decir de la escritora Alyse Gregory, esposa de Powys, en el prefacio a la obra «estas cartas, escritas casi siempre de forma precipitada, son rigurosas y sensibles, francas y taimadas, mordaces y sin intención, son extravagantes, despreocupadas y excesivamente civilizadas, y revelan la naturaleza sagaz, poética y magnánima de Powys».

La franqueza y la mordacidad que Alyse Gregory señala como características de estas cartas tienen tanto que ver con la personalidad impetuosa como la inmadurez poética de Hopkins. Si nos ponemos en la piel del joven poeta, podremos sentir cómo es fustigado una y otra vez sin mucha piedad 'pero siempre con elegancia, sin ensañamiento' por el autor. El contrapeso a toda esa franqueza, que parece sufrir sin desagrado, es todo lo demás: las inteligentísimas observaciones sobre las condiciones para la creación literaria («debe vivir con una intensidad cinco veces 'qué digo, cien veces' más frenética que la de quienes le rodean», «Si tiene auténtica pasión por la vida, lo demás vendrá solo», «Lo que realmente hay que hacer en la poesía es redimir la dura realidad«,o, esta vez sí con aires rilkeanos, «construya su vida sobre una base sólida, pero hágalo en su interior, donde nadie lo vea»), las impagables anotaciones sobre el carácter reservado y a la vez generoso de sus hermanos, a quienes el joven poeta desea a toda costa conocer, las recomendaciones literarias, qué autores debe frecuentar y qué otros evitar «Si lee despacio y con inteligencia a Homero, a Lucrecio, a Shakespeare, a Cervantes, a Montaigne y a Rabelais habrá conseguido más salud espiritual de la que habría obtenido después de tres años en la Universidad. Si fuera usted, sería muy ecléctico en mis lecturas. Intentaría dejar atrás el gusto por escritores que no son del todo de primera fila, entre ellos situaría sin duda a Belloc, Chesterton, Flecker y Rupert Brooke» , los pasajes «utilitarios» en los que Powys le pide que le consulte a un colombófilo el precio de una paloma colipava o que le lleve en su próxima visita «dos tortugas de agua negras», la curiosidad, en fin, que muestra Powys acerca de la incipiente vida amorosa de su pupilo, de la que le pide jugosos detalles.

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